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Futbol Paraguayo - Historico


Ricardo Quiñónez, un estupendo y habilidoso puntero

Artemio Villanueva

Desde Iturbe, departamento del Guairá, llegó un día a Asunción acompañado por sus padres el pequeño Ricardo Quiñónez. Al principio de los años '30, un poco antes de la guerra con Bolivia.

``Con el tiempo me contaron mis padres que desde los 2 años ya estuve en Asunción. Vivíamos en la calle Estados Unidos y Tercera, próximo a los campos deportivos de fútbol que luego se crearían en barrio Obrero'', recordó.

Y cuando llegó el momento de darle con todo al balón recurrió al club más popular del país. ``Me inicié en las inferiores. Recuerdo que cuando eso arrasábamos con todos. Había excelentes jugadores. Fui campeón en todas las categorías de inferiores'', puntualizó.

El camino estaba allanado y tenía todo en su haber para triunfar.

EL DEBUT, TITULO Y TRANSFERENCIA

No pudo pedirle más a su debut. ``Lo hice frente al Sportivo Luqueño. Ganamos 6-1 y convertí dos goles'', rememoró.

En el estadio Adriano Irala dio amplia muestra de su categoría. Con sus desbordes o la entrada en diagonal, el amague, el enganche para desequilibrar al defensa y sacar el soberbio derechazo, y convertir esos goles que eran la alegría de la tarde. Eso le daría el prestigio necesario para ser parte de aquellas grandes figuras de la época.

En los años de gloria azulgrana le tocó ser partícipe y prender una estrella más. ``Fui campeón en el año 1949, reprisando lo mismo al año siguiente, con el campeonato de Honor'', evocó.

A partir de entonces fue llamado a integrar la selección nacional.

Fueron a la Argentina donde ganaron 2-1 por la Copa Chevalier Boutell, llegando a gustar su desempeño en el ala izquierda del ataque. Esto le sirvió para ser contratado y quedar en tierra porteña.

HURACAN Y ESTUDIANTES

``Recuerdo que se jugó a mitad de semana cuando le ganamos a los argentinos. Ya no pude volver, porque al día siguiente me contrataron y debuté ese mismo domingo por el Huracán, frente al Chacarita Juniors. No puedo quejarme, ya que marqué los dos goles con que ganamos el partido'', rememoró.

Con esto marcaba una coincidencia con aquel recordado debut en primera división, frente al Sportivo Luqueño.

Con el Huracán jugaría durante 4 temporadas, consiguiendo un vicecampeonato. Luego recalaría en San Lorenzo de Almagro por un año, culminando una etapa estupenda en los últimos dos años con el Estudiantes de La Plata, donde accedería al título en el año 1955.

Lo vio jugar el técnico Laguna y convenció al presidente del Olimpia de ese entonces, Manuel Ferreira, para repatriarlo al Paraguay y reforzar la escuadra decana.

OTRO TITULO Y UN TRAJIN DE NO ACABAR

El Olimpia se consagraba campeón en el año 1956. Quiñónez jugó casi todos los partidos, ``menos los dos últimos, por problemas que tuve con los directivos'', acotó.

A partir de ahí continuaría ese trajín inacabable detrás del balón. Desde el año 1957 hasta el '60, junto a otros paraguayos demostraría sus grandes condiciones. ``Durante ese tiempo jugué por el Centro Iqueño (Perú), junto a Carlos Arce y Alum, consiguiendo tres campeonatos'', puntualizó.

Pero ahí no terminaba todo. En el país del café, la cumbia, la salsa y otras beldades le esperaban años de dribling y goles. Llegando a jugar por cinco temporadas en el América de Cali, ``siendo esos años para mí, maravillosos'', enfatizó.

EL ADIOS A LOS 38 AÑOS

El pequeño, habilidoso y escurridizo puntero izquierdo seguía dictando cátedra de cómo jugar al fútbol, con solvencia y categoría. No pudo ser el adiós más placentero y ameno. Un profesional a carta cabal le decía adiós al fútbol, porque hasta acá llego yo. Despidiéndose con esa estrella dorada en su prolongado trajín. Con sus 38 años, conseguía otro título, jugando en su último año de fútbol, por el Alianza de Lima de Perú.

Fueron tantos años dialogando con las ``paredes'', los desbordes, el enganche, el amague, el regate y los goles, que hicieron de Ricardo Quiñónez un ejemplo soberbio para muchos de los que le vieron jugar y compartieron con él momentos inolvidables. Así también, puede servir de ejemplo a los que hoy se inician y pretenden llegar lejos.

Hoy, el ``pequeño gigante'' de la punta izquierda todavía está con nosotros. Con un récord inigualable en un difícil puesto, donde el desgaste es tremendo, logró consolidarse con el éxito.