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Futbol Paraguayo - Historico


Artemio Villanueva

Allá por la década del '60, cuando los grandes jugadores demostraban todas sus virtudes adquiridas en los potreros, para luego pulirlas y desarrollarlas en los clubes de la capital, Gerardo González se lanzaba en sus primeros ajetreos futbolísticos en el lugar donde se iniciaron muchos cracks del ayer. Arsenio Erico, Gerardo Rivas y otros que levantaron polvareda en el campo de juego del Salesianito. ``Ahí realicé mis primeros partidos'', recordó.

Luego tentaría fortuna en la Academia de Nacional, donde desde las gradas fue invitado a completar un equipo que jugaba aquellos famosos torneos del club que buscaba futuros futbolistas para la institución alba. ``Recuerdo que entré para completar y por mi buen desempeño me dejaron'', comentó sobre el tema. Y junto a Carlos Báez, Juan Manuel Battaglia y otros, iniciaron una etapa estupenda, en donde Erico dejó sembrada su semilla.

LOS PRIMEROS AÑOS EN NACIONAL

Durante su estadía en el club Nacional mostró sus excelentes cualidades. Con ese fútbol lleno de temperamento, marca, creación y luces propias, pasó a ser el caudillo del medio sector, consolidando su fama y prestigio en cada partido jugado.

Luego sería convocado para la selección juvenil en los años 1971 y '72. Como líder que era fue nombrado capitán y a partir de entonces (ya lo era en Nacional) en todos los equipos que le cupo jugar llegó a ocupar el cargo.

Su facilidad para ser portavoz de los compañeros de juego era algo innato en él. Fue creciendo su juego, como así también su prestigio, llegando a ser tentado por un club grande, donde iniciaría otra instancia en su carrera deportiva.

EL PRIMER PASO A CERRO PORTEÑO

En el año 1976 el Ciclón entró segundo en la tabla del campeonato, consagrándose el club Libertad campeón luego de una espera de 21 años (1955). ``Fue mi primera Copa'', dijo. Pero al siguiente año (1977) bebería otro sorbo mayor al primero. Campeón con Cerro Porteño. ``Fue algo inolvidable. Ahí pude comprobar como esa fiel hinchada puede hacer ganar partidos con ese aliento constante que retumba en todo el estadio'', enfatizó.

En aquel entonces los estadios de fútbol se llenaban, porque los espectáculos eran de una calidad total. El hincha es fiel reflejo de lo que se le puede ofrecer los días domingos. En él quedaron grabados esos recuerdos que ayudaban a obtener resultados positivos. A partir de esos triunfos el resurgir de un 8 que copaba todas las expectativas para el puesto se agrandó y pasó a ser figura en la selección de mayores.

AL PAIS DEL CAFE Y LA CUMBIA

Su fama trascendió allende las fronteras y el América de Cali adquirió el pase de este ocho inclaudicable y dueño del mediocampo. Junto a su compadre Juan Manuel Battaglia, aquel recordado puntero derecho imparable y goleador, marcaron una rica trayectoria con los rojos de Cali. ``Fueron casi 10 años de vivir uno de los más grandes momentos del América. Ahí llegué a consagrarme campeón en seis oportunidades, entre ellas un pentacampeonato, en los años 1982/86'', historió.

La afición deportiva local todavía recuerda aquellas finales de Copa Libertadores, en donde la suerte le fue esquiva, no pudiendo cristalizar ese sueño. Pero como en el fútbol hay que saber perder y ganar, pocas fueron las derrotas y en ese andar por tierra colombiana logró consolidarse con calidad y categoría. Gerardo González fortaleció la fama y el prestigio de un Señor Jugador de Fútbol, junto a su ``compadre'', que con el número 7 en la espalda causó estragos por su andarivel.

UN ADIOS LLENO DE GLORIA

Aquellos momentos del ayer en el Salesianito, cuna de renombradas figuras que surgieron porque tenían el deseo de ser alguna vez verdaderas estrellas, como otros antecesores, hoy forman parte de nuestra rica historia futbolística.

GERARDO GONZALEZ AQUINO tuvo su premio, por esa voluntad de marcar, correr, crear, meter goles también y ser el eje de donde partían todas las jugadas que tenían el objetivo de llegar al gol y la victoria.

Fueron más victorias que derrotas y no pudo ser mejor el adiós a esa dilatada carrera, cuando el presidente del club le ofreció un partido de despedida, donde toda la recaudación sería para él, o ir a especializarse en Europa como director técnico. ``Yo rechacé la primera y acepté la segunda opción'', puntualizó.

Con esto se abría una ancha puerta a su nueva vocación, que luego sería el camino a nuevos triunfos. Porque capacidad y solvencia le sobran. Ya lo demostró con el título obtenido con Cerro Porteño en el año 1994.