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Cien Años de Historia
Cuarta Parte (1961-1980)

 


COPA AMERICA BOLIVIA 1963

Para el campeonato Sudamericano de 1963 una nueva generación de futbolistas llegó a conformar un buen equipo. El torneo se jugaba por primera vez en Bolivia y era una verdadera incógnita, por lo temido y a la vez por su atrayente geografía. Fue el comienzo de una buena época de jugadores de Guaraní, Ríver Plate y Olimpia. El público esperaba algo de Valdez, Zárate, Arámbulo, Rodríguez, Calogna, Amarilla, Bobadilla, Ayala y otros.

La mejor actuación la brindó la albirroja en la Paz cuando venció al Brasil por 2 a 0 en gran partido, donde, si bien los "verdeamarhelos" estaban representados, sobradoramente, por una selección estadual, esto no puede desmerecer el triunfo paraguayo. Paraguay venció también a Ecuador, Colombia y Perú y empató con Argentina y perdió con Bolivia que ese año obtuvo su primera estrella en las competencias sudamericanas.

Fue goleador del torneo el jugador del Olimpia Eladio Zárate.

COPA AMERICA URUGUAY 1967

En enero de 1967 la albirroja participó en el último sudamericano "a la antigua" que se jugó en Montevideo. Antes, eliminó a Ecuador, en partidos de ida y vuelta. Fue el único torneo sudamericano que contó con partidos eliminatorios previos: Paraguay – Ecuador y Chile – Colombia.

Paraguay tuvo una actuación mediocre y quedó, al final, en la cuarta colocación, detrás de Uruguay, Argentina y Chile, en ese orden. Siguieron a Paraguay Bolivia y Venezuela, que debutaba en esas competencias.

Ante la imposibilidad de seguir jugando esos torneos en la forma en que se venía haciendo: todos contra todos y por puntos, la Confederación Sudamericana optó por otro sistema, el "de series", con partidos de ida y vuelta en cada una de ellas, al estilo europeo. Muchos creyeron que la vieja Copa América estaba muriendo, aplastada por el tiempo y la Libertadores, pero, como se vio después, no fue así.

COPA AMERICA 1975

En el siguiente campeonato le toco en suerte a Paraguay un grupo sumamente fácil: Ecuador y Colombia. Las eliminatorias se jugaron en 1975. Paraguay viajó al norte, jugando de ida unos partidos de práctica. En su primer enfrentamiento del torneo, empató con Ecuador en Quito y perdió (0-1) con Colombia en Bogotá.

Fue la primera derrota contra Colombia en la historia de los enfrentamientos albirrojos. Los tiempos habían cambiado.

En Asunción, en las más bochornosas jornadas protagonizada por un seleccionado nacional volvió a perder con Colombia, en un partido que no termino por faltas de garantías. Los jugadores parecían tigres heridos y persiguieron a patadas a los colombianos.

La policía, muy patriota y nacionalista, colaboró con la garroteada.

Fue una vergüenza y el partido terminó con la eliminación de Paraguay en el propio Defensores del Chaco, que otrora fue testigo de gloriosas jornadas. En el match de retorno ante Ecuador, la afición, triste, dio la espalda al espectáculo y el resultado final, victoria de Paraguay, en nada influyó en la clasificación final. Perú ganó el torneo.

Pocas veces en la historia deportiva de Paraguay la afición paraguaya acusó tan duramente el impacto provocado por un fracaso como esa oportunidad. Hubo acusaciones, sumarios, expulsiones, sustituciones y, al final, todo quedo igual.

1979 - EL AÑO QUE NUNCA OLVIDAREMOS

 No con mucho optimismo observó la afición el inicio de la Copa América, que se hallaba en poder de los peruanos. Paraguay fue incluido en la serie encabezada por Uruguay e integrada por Ecuador. Muchos creían que con la conquista del Olimpia ya se había cumplido con la afición y que la Copa América carecía de importancia.

El 29 de agosto, la albirroja, integrada con ocho jugadores de Olimpia venció ajustadamente a Ecuador en Quito. (2-1).

El 13 de setiembre, la selección, con un cuadro improvisado, volvió a derrotar a Ecuador, esta vez en Asunción. El 20 de setiembre se jugó en Asunción un antiguo clásico sudamericano: guaraníes y charrúas.

Uruguay había perdido un punto con Ecuador, por eso, una victoria paraguaya, de hecho, sería la clasificación. Fue un pésimo partido y al finalizar, la sensación general era que el Paraguay había perdido prácticamente la clasificación, pues debía jugar en temible estadio Centenario, bastando para ello solamente una derrota por dos goles de diferencia.

El 26 de setiembre la afición esperó pesimista la transmisión del partido decisivo.

El equipo no funcionaba, y para colmo, tampoco estaban esta vez los jugadores de Olimpia, que andaban, no sabemos, en qué periplo.

Los uruguayos marcaron primero, pero Eugenio Morel empató. Las cosas iban bien, pero Uruguay volvió a marcar. Perdiendo por un gol Paraguay se clasificaba. Los minutos pasaban lenta y angustiosamente. Por esas cosas de los reglamentos, el público paraguayo estaba satisfecho con la derrota: era lógico. De pronto, Morel tomó una pelota en su campo y escapó como una saeta. Corrió toda la interminable cancha del Centenario y cuando le salió el guardavallas, colocó el balón en una esquina, era el empate y la clasificación. Una vez más Paraguay había postergado a su tradicional rival.

Los otros grupos de la Copa América eran Argentina, Brasil y Bolivia, por un lado y Chile, Colombia y Venezuela por el otro. Perú, como último campeón, pasaba directamente al cuadrangular final. Se clasificaron para las finales Paraguay, Chile y Brasil, que eliminó a la Argentina, campeona del mundo.

Los partidos entre Paraguay y Brasil suelen ser notables. Siendo brasil uno de los colosos más importante del fútbol mundial, cuando viene a Asunción, ingresa a la cancha con una extraña timidez. El miércoles 24 de octubre una gran cantidad de aficionados concurrió al estadio sin complejo de ninguna laya. Asistía el Presidente de la República, inclusive.

Paraguay jugaba con su máximo poderío, lo mismo que Brasil.

Realmente, en el primer tiempo, el equipo paraguayo arrolló a su oponente. A los 15 minutos, la 55.000 personas que estaban en las tribunas vieron uno de los más hermosos goles de los últimos años: Eugenio Morel recibió un centro alto, paró con el pecho, y de "chilena" de espaldas al arco, envió un largo tiro que pegó en la parte inferior del travesaño y cayo a pocos centímetros dentro del arco, pese al salto desesperado del guardavallas Leao.

El gol del siglo lo vieron, además, miles y miles de televidentes del Brasil, Chile, Argentina, Colombia, Méjico y hasta de un canal de Miami, menos los de Asunción, que tuvieron que esperar el "diferido". Casi al filo del primer tiempo, Hugo Talavera anotó el segundo tanto, al recibir un pase en profundidad.

En el segundo tiempo los brasileños descontaron el marcador, y al terminar el partido quedó flotando la sensación de que se había perdido la clasificación porque Brasil había jugado muy mal y se había errado numerosos goles, mediante los cuales el Brasil se salvó de una gran goleada. Nadie esperaba triunfar en el Maracana. Joao Saldanha, el famoso y pintoresco comentarista brasileño, declaró a la prensa: "Paraguay hoy perdió la oportunidad de golear al Brasil y clasificarse para la final, porque nosotros ganaremos fácilmente y por mayor diferencia de goles en Río de Janeiro".

Ocho días después llegó para los brasileños el día que ellos creyeron sería el de venganza. Se les había enseñado, inclusive, a cuadrarse militarmente como soldados prusianos y cantar firmes y estertóreamente el himno nacional. El partido comenzó y muy pronto los verdes amarelhos anotaron mediante un violento tiro de Falcao que dio antes en unos de los palos.

Parecía que se venía una goleada, pero de pronto, en un ataque en profundidad, Milciades Morel empató. En Asunción hubo alegría, pero se expresó con cautela. Pocos minutos más tardes, otra vez Morel quedó solo ante Leao y su disparo dio en travesaño y en suelo.

En Asunción, el público, mientras se comía las uñas, comenzó a soñar con la clasificación.

En la segunda etapa, el referí, el clásico referí sudamericano, hizo lo suyo. Sancionó con un penal al equipo visitante, Gol de Brasil, Sócrates.

Entonces fue cuando vino el gran gol de nuevo "as" del fútbol paraguayo: Julio César Romero, que luego de anular a tres hombres dentro del área, con un tiro cruzado decretó el empate. En Asunción el público se volcó a las calles en medio de un tiroteo generalizado que llenó de pavor a los pocos habitantes que no gustan del fútbol. Muchos oprimidos maridos aprovecharon para retornar a su casa a las cinco de la mañana, en prosecución de una antigua y secular costumbre paraguaya.

Quedaban para la final paraguayos y chilenos, estos últimos, para no perder la costumbre, habían eliminado al Perú.

Históricamente, y con la preocupación de pecar de inmodestos, diremos que Paraguay siempre fue más que Chile en el fútbol. Existían, pues, fundadas razones para ser optimista, pero ocurrieron ciertos hechos que pusieron en peligro la conquista. Los jugadores, con o sin razón, se sublevaron reclamando mayor remuneración.

En aquellos tiempos, constituía un delito de lesa Patria. Comenzaron las tiras y aflojes. El publico dividía su opinión dando la razón a los jugadores o a la Liga. Por fin hubo una transacción, o mejor dicho, una rendición: los jugadores renunciaron a sus honorarios y se prepararon a jugar contra Chile. En Asunción se gano fácilmente 3 a 0. Ya nadie dudaba ahora del triunfo. Sin embargo 8 días después los paraguayos perdieron en Santiago el único partido del torneo (0 a 1).

El publico le culpó a Anastacio Somoza , que vivía en Asunción y era calificado de "mufa". Ese día era su cumpleaños. Se hizo "cruz diablo" con los dedos y se preparo el partido de desempate en Bs. As.

El ambiente se había vuelto, de nuevo, dramático: Hugo Talavera, el díscolo jugador olimpista no estaba en la selección, había desaparecido. Mucho aseguran que no gozaba de simpatía en altas esferas. En la selección existía una sorda rivalidad entre los olimpistas y el resto. El partido, en cancha de Velez, no fue bueno, pero estuvo impregnado de hondo dramatismo.

Miles de paraguayos ubicados en las hermosas graderías de Liniers, alentaban a su equipo. El primer tiempo fue de amplio dominio paraguayo, pero por un capricho del destino no se pudo marcar. El segundo tiempo también fue de amplio dominio paraguayo, pero por otro capricho del destino tampoco se pudo marcar. El tiempo suplementario fue muy parejo, inclusive, Chile también estuvo cerca del gol. El 0 a 0 final significaba el campeonato para Paraguay por diferencia de goles. Paraguay había vuelto a ganar la Copa América 26 años después.

El retorno de los guaraníes dirigidos por Ranulfo Miranda, fue extraordinario e hizo a muchos recordar aquella tibia noche de 1953.

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