Febrero 25, 1999

La Copa Libertadores
Ruido de bomba en el área

Como en Mendoza, la hinchada de River le arrojó petardos a Chilavert.

Los controles de seguridad fallan y las conductas violentas están lejos de declararse en retirada. Una conjunción que tiene paralizado al fútbol y que anoche, en Liniers, volvió a manifestarse aunque se jugase bajo el signo de la Confederación Sudamericana de Fútbol.

Los riesgos tan temidos y los malos presagios aparecieron en escena. Se habla de José Luis Chilavert y de la hinchada de River, protagonistas hace poco en Mendoza de un episodio lamentable, cuando el arquero fue reemplazado porque una bomba de estruendo le provocó una afección auditiva. Anoche, durante el primer tiempo, se vivió otro capítulo repudiable. La parcialidad de River, que ocupó la cabecera Oeste, le anticipó el recibimiento al paraguayo: arrojó dos bombas al área mientras el arquero estaba en el sorteo. Cuando fue a ocupar su lugar, no respondió a los silbidos e insultos que bajaban de la tribuna. No se tardaría mucho para la siguiente página penosa. A los dos minutos, con el gol de Cardozo, Chilavert festejó a su estilo, con los puños cerrados y el gesto de revancha hacia la cabecera visitante. Enseguida, la respuesta: otra bomba de estruendo, que cae a cuatro metros de distancia del Nº 1 de Vélez, que cayó aparatosamente, en señal de estar aturdido en el oído izquierdo. Se acercaron el médico Coppolechia y el cuarto árbitro, Madorrán. Fue atendido durante un par de minutos y en diálogo con Madorrán y Elizondo, Chilavert parecía advertirles: otra más y me voy. Hubo tres más, que detonaron lejos del guardavallas. Mientras, un grupo de entre 25 y 30 policías ubicado en la parte baja se mantenía inactivo.

La falta de fútbol no cambió el sombrío panorama: los barrabravas siguen ingresando bombas de estruendo que dan cuenta de controles de seguridad ineficaces.

Gastón Saiz