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En Pilar, a orillas del río Paraguay, Roberto Cabañas disfruta de un atardecer con el sol ofreciendo sus últimos rayos.

Roberto Cabañas

Pueblo chico, infierno grande", reza el imaginario popular. Y debe ser cierto. Pilar, pequeña ciudad paraguaya con 4.000 habitantes bañada por las aguas del caudaloso río Paraguay, tiene pequeñas historias para contar. Allí, el 11 de abril de 1961, nació en tierra guaraní su hijo pródigo: Roberto Cabañas.
Allí mismo comenzó a cultivar los sueños de convertirse en un jugador consagrado para facilitar la supervivencia de una familia ­integrada por papá Ramón, obrero de una fábrica textil y mamá Antonia, empleada doméstica, quienes dejaron como herencia ocho hijos más­ sumamente modesta y trabajadora. Hoy, Roberto, con 36 años de vida, a ocho meses de su retiro como futbolista ­su último club fue el Deportivo Independiente Medellín de Colombia­ parece querer alejarse de algunas turbulencias pasadas que trascendían su actividad. Como la relación que mantuvo con su ex esposa Elizabeth Gómez Urtado, con quien tuvo una hija ­Carolina, de 10 años­ nacida en Francia.
"Pueblo chico, infierno grande", dice el folklore que se nutre de los costumbrismos. Por eso debe ser que apenas uno se aproxima a Colonia Cano ­pueblo fantasma a 112 kilometros de la capital de Formosa­ para tomar la balsa que lo acerque a Pilar en la otra orilla del río Paraguay, escucha voces anónimas de gente humilde que intentan pintar el presente del ídolo. Y entonces, casi en susurros, una mujer de unos 40 años que vive a menos de cien metros de la casa de los padres de Cabañas, dijo en tono de confesión: "Esa mujer colombiana que tenía antes lo dejó a Roberto muy mal económicamente. Tuvo que darle muchas cosas, no sé si lo fundió como se comenta por ahí, pero se le puso muy difícil la cosa..."
En Pilar, con esas casitas bajas de cierto estilo colonial y con un silencio que se clava como una puñalada, encontramos al ex delantero de Boca Juniors. Un taxi que parecía de colección por su antigüedad ­era un modelo año 1938­, después de diez minutos de viaje puso cara a cara a EL GRAFICO con Cabañas.
Luego de transitar un camino de tierra arribamos a Guapoy ­así se llaman a unos árboles de la zona­. Bajo un sol espléndido y en short, el verborrágico goleador estaba lavando una Mitsubishi Montero en compañía de su hermano Valerio.
­Pasen, pasen, no se queden ahí... Si vinieron hasta acá para hablar conmigo, hablemos. Acá son siempre bienvenidos.
El lugar es una amplia quinta de 130 hectáreas, con 187 vacunos, 28 ovejas y chivos y 2 caballos, bautizados como "Boca" y "Nala" que estaban atados a un palenque.
­¿Cómo estoy? Aquí me ven. Tranquilo, feliz, sin problemas, disfrutando de la vida. Y con una nueva compañía: se llama Tatiana Zawadzky, es hija de polacos, tiene apenitas 23 años, es colombiana, hermosa y muy honesta. Hace poquito se graduó como administradora de empresas. La conocí hace un año y medio, cuando jugaba para Independiente Medellín. Me la presentaron unos amigos y fue un amor terrible, a primera vista. Ella vive conmigo. Ahora debe estar durmiendo, pero si quieren, después de la siestita hacemos unas fotos juntitos. ¿Está bien?
En realidad, Cabañas no está en la ruina como algunos comentarios remarcaron. Por suerte. Pero el hombre que supo ser una bandera amenazante de Boca y que se atrevió a lastimar la piel de River ­"por algo son Gallinas", llegó a decir en mayo de 1992­ perdió nivel y dinero.
Su separación de Elizabeth ­master en finanzas y ex gerente del Banco Santander, en Cali­, hace veinte meses, lo golpeó muy duro. Basta con refrescar algunas palabras pronunciadas por el protagonista en septiembre de 1995 cuando todo era un lecho de rosas: "Yo tuve dos virtudes en la vida, saber aprender y conocer a una mujer maravillosa que decide lo que tengo que hacer con la plata. Sí, Eli es la mejor. Me enseñó todo. Desde agarrar un cubierto hasta comprar la ropa adecuada".
Los tiempos cambiaron. Noches de tormenta erosionaron la pasión: "Lo que pasa es que los jugadores somos una raza especial, muy especial. Nos creemos intocables, invulnerables, estrellas, ídolos. Y no somos nada de todo eso. Es muy difícil ser la esposa de un jugador. Muchas concentraciones, viajes, desencuentros. Nada que sea muy normal. Esas circunstancias fueron perjudicando a la pareja".
De sus propiedades en Cali, Miami, la isla colombiana de San Andrés y campos en Paraguay, el jura y perjura que conserva todo. "No perdí, no perdí nada", asegura con tono encendido. "Lo que pasa es que tuve que hacer la separación de bienes. Y allí, en principio, hubo algunas disputas que se fueron resolviendo con la ayuda de abogados. Pero no existió ninguna guerra. Mi propósito no fue sacarle ventajas ni ella dejarme en la calle a mí. No nos olvidamos de que, aunque lo nuestro terminó, tenemos una hija hermosa que nos necesita. A Elizabeth le dejé, entre propiedades y dinero, 800.000 dólares. Y a Carolina, mi bella y dulce niña que vive con la mamá en Cali, le puse a su nombre dos departamentos de 200.000 dólares cada uno. Cuando ella cumpla 18 años, podrá tomar la propiedad de esos bienes".

Tatiana y Roberto, cara a cara, con la felicidad de los enamorados a flor de piel.

Lo que no dijo es que en el transcurso de 1997 se tuvo que desprender de 195 hectáreas que poseía a 35 kilómetros de Pilar, en una zona llamada Islería. El precio, según los entendidos, fue muy bajo: 130.000 dólares. Además vendió 500 cabezas de ganado, lo que le reportó otros 60.000 dólares. ¿El dinero sirvió para tajar agujeros? Sólo Cabañas lo sabe.
El muchacho que se inició en Cerro Porteño en 1979 y pasó por el Cosmos de Nueva York ­donde fue compañero de Franz Beckenbauer, Giorgio Chinaglia, Carlos Alberto y Johan Neeskens, entre otros­, América de Calí, Brest y Lyon de Francia, Boca Juniors, Barcelona de Guayaquil, Libertad de Asunción e Independiente Medellín de Colombia, tiene incorporado un mensaje lineal. Repite que podría vivir de rentas por el resto de sus días y que está sereno, satisfecho, pleno.
­No tengo necesidad de trabajar, aunque quiero ocuparme de algo y comenzar una nueva etapa. Hay que ver cuál es la mejor opción, el mejor negocio. Por suerte los padres de mi actual pareja son gente honesta, noble e inteligente. Ellos tienen una posición social muy buena. Son influyentes y entre todos decidiremos los próximos pasos. Mientras tanto, es probable que aquí en Pilar compremos un tambo para divertirnos y pasar el tiempo, o quizás una estación de servicio. Vamos a ver. No estoy apurado ni desesperado como algunos creen...
Observa la tapa de EL GRAFICO con River Campeón y sonríe, seguramente recordando algunas batallas cercanas. "Si me ven los Bosteros mirando esto, me matan", señala con una expresión de pibe pescado in fraganti. "Pero ojo que yo no tengo nostalgias del fútbol. Para nada. Ya pasó. Y no sería sincero si me quejara. Me dio más de lo que me merecía. Me dio todo: cultura, dinero, posibilidades de conocer gente... Aunque reconozco que yo no me volqué a este deporte para ganar dólares. Lo que quería era divertirme. Por eso ahora que no juego más, no miro fútbol. No me interesa, no me motiva. ¿Saben?, soy millonario, pero millonario en emociones..."

Campo de Pilar. Roberto y la briosa yegua Nela, intentando dar su paseo acostumbrado.

Dice que lo esperemos unos minutos porque va a buscar a Tatiana al bungalow de tres habitaciones, donde la joven descansaba. Y la pausa es propicia para recordar que, con apenas 18 años, este hombre partió un día para Nueva York con una mano para atrás y otra adelante. Lo esperaba el Cosmos con sus vanidades de grandeza y sus estrellas. Ya no jugaba Pelé, aunque Pelé siguiera estando como un ícono que representaba al fútbol con mayúsculas.
Aquella tarde de hace 17 años ese muchacho de apariencia frágil que se mataba haciendo mil abdominales diarios, se encontró con un pago de 1.250.000 dólares. Contó que a la semana regresó a Asunción con los fajos de billetes distribuidos en todos los bolsillos y en el avión no pudo pegar un ojo. "Tenía pánico que me robaran", afirmó unos años después ya más acostumbrado a los placeres mundanos.
A la hora, la pareja salió a escena en una escenografía que se asemejaba a una película con los condimentos de los grandes romances. Beso por aquí, besito por allá. "Nos queremos mucho", disparó el galán maduro, feliz por su última conquista. Y posaron con rubor. Ella montó con temor a Boca, el caballo más dócil; él quiso calmarle los nervios a Nela ­una yegua arisca y de cáracter­ y transpiró como en su etapa de jugador para convencerla de la producción fotográfica.
­Tatiana es un amor, ¿no? ¿Qué les parece? Es linda, es pura. Espero construir muchas cosas a su lado. Es la mujer de mi vida.
Pero en medio de los arrumacos y los mimos, el fútbol y especialmente Boca, apuraron los conceptos. Aunque Cabañas lo niegue, su ida del club lo dejó con una sensación de final inmerecido.
­Mi problema fue que me empeciné en jugar para Boca, cuando había recibido otras ofertas interesantes. Lo que pasa es que esa camiseta despierta sentimientos muy fuertes. Pero yo no me olvido de que, a esos colores y a esa gente, les di algo. Aporté mi granito de arena para que Boca salga campeón. En cambio hay otros que mejor ni hablar... Y no puedo dejar de mencionar a Mauricio Macri. El, de fútbol, no tiene ni idea, no sabe nada. Cuando asumió, prometió un equipo campeón, pero los hinchas siguen esperando. Lo mejor sería que se dedique a sus negocios. El promete, promete y no cumple nada. ¿Cuántos jugadores compró en estos dos años de gestión? ¿Cincuenta, sesenta? Bilardo llegó a Boca para hacer negocios y se tuvo que ir sin pena ni gloria. ¡Es una barbaridad¡ Que le dé alegrías a los Bosteros de una buena vez. El gran problema es que Macri quiere ser más protagonista que los jugadores, porque tiene otros objetivos que no pasan sólo por ser presidente del club. Objetivos políticos. Eso le gusta. Y utiliza a Boca para posicionarse mejor. Sería bueno que Macri copie a la dirigencia de River y que aprenda de ellos para manejarse, porque así vamos mal...
Elogia al Bambino Veira ­"es un técnico que vive el fútbol y que capta lo que precisa Boca"­, se esmera en recordar que nunca se fabricó un personaje para endulzarle los oídos a la falangue boquense y le tira flores a Diego Maradona: "No me olvidaré nunca que él, en su momento, pidió que yo continuara en el plantel. Me veía entrenar siempre primero en la fila sin la posibilidad de jugar y lo conmovió esa actitud. Por eso le estoy eternamente agradecido. Porque por si no lo saben, yo también tengo esa virtud: soy agradecido".
Dice que en estos días tiene que hacer una visita a Boca para cobrar una deuda que no quiso revelar con precisión: "Es menos de 100.000 dólares, no es una suma muy importante, pero no la voy a regalar. Ya me dijeron que la plata va a estar". Después tiene previsto viajar a Madellín con la impactante Tatiana para "emprender algún negocio".
El jugador que supo ser quedó lejos. Todavía conserva una de sus señas particulares: los abdominales marcados, consecuencia de una rutina que aún no resignó. El hombre confiesa estar entero y dispuesto a iniciar otro camino. Cruzando el río Paraguay en dirección hacia Colonia Cano, un hombre con arrugas de otoños y soles, ataca con una pregunta inevitable: "¿Así que lo vieron a Roberto? ¿Lo encontraron bien? Es que esa mujer colombiana de la que se separó lo dejó mal. Ahora, por suerte, se está recuperando".
Pueblo chico, infierno grande", es una definición que contiene muchas imágenes. En una de ellas, como en un cuento con algo de magia y de realismo, Cabañas es protagonista de una historia de amor, pasión, desencuentros y desventuras.

EDUARDO VERONA
Fotos: FABIAN MAURI
Enviados especiales a Pilar, Paraguay


"En Boca, Chilavert tiene que confirmar todo"

Cualquier jugador, por más éxito que haya tenido, no puede vestir la camiseta de Boca. Los hinchas son muy especiales y las exigencias también. Basta con mirar la cantidad de muchachos que vinieron como grandes estrellas y se fueron envueltos por el fracaso", señala Roberto Cabañas, antes de internarse en un tema de gran actualidad. El probable pase de José Luis Félix Chilavert al equipo del Bambino Veira, abrió la puerta a una reflexión con pimienta: "Sí, él en apariencia tiene toda la sangre del mundo para ser ídolo. Pero debe demostrar lo que sabe en el arco de Boca. Lo que ha ganado antes con Vélez o con la Selección del Paraguay, que no fue poco, no significa que llegue al club y no tenga que confirmar nada. Debe confirmar todo. Porque Boca es otra cosa. Los antecedentes no cuentan. Y Chilavert lo tiene que saber..."


Una imagen de su pasado, cuando brilló como goleador de Boca, con el fondo del Monumental. Esa tarde de 1992, Cabañas convirtió un gol clave ante San Lorenzo.

"En Francia me quisieron sobornar"

Sólo una vez me ofrecieron plata para ir para atrás en un partido".
La frase de Cabañas, por supuesto, tiene una explicación posterior. Ocurrió cuando jugaba para el Brest de Francia y la tentativa de soborno se efectivizó en los días previos al partido disputado el 24 de marzo de 1990.
­Enfrentábamos al Olympique de Marsella y, antes del encuentro, dos personas fueron a hablar conmigo al hotel donde el equipo se concentraba. Dijeron que me darían 50.000 dólares para que, a los veinte minutos del primer tiempo, yo acusara una lesión y me fuera de la cancha. De inmediato, le comenté esto a los directivos del Brest y a mis compañeros del plantel. Esas dos personas se contactaron nuevamente, pero yo fui a la segunda charla con un pequeño grabador escondido entre la ropa. Pero esa vez no repitieron la oferta de plata...
Cabañas era el capitán del equipo. El partido finalizó 2­1 a favor del Brest y los dos goles fueron convertidos por el delantero paraguayo.